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Funciones ejecutivas y TDAH: 7 estrategias prácticas para aplicar en casa

· 6 min de lectura

Ilustración de una mamá acompañando a su hijo mientras hace la tarea en casa, con un cuadro de rutina visual y un reloj en la pared, en tonos azul y verde lima
Dra. Elianeth Gómez Escobar

Por Dra. Elianeth Gómez Escobar

Neuropsicóloga clínica. Fundadora de NeuroSerCrecer

Actualizado el

“Le dije tres veces que se pusiera los zapatos y sigue jugando.” “Empezó la tarea hace una hora y no ha escrito nada.” “Se frustra por cualquier cosa.” Si estas frases te suenan familiares, no estás solo. Detrás de muchas de estas situaciones no hay falta de voluntad, sino dificultades en las funciones ejecutivas, algo muy frecuente en niños y adolescentes con TDAH.

La buena noticia es que el entorno puede hacer una gran diferencia. En este artículo te explicamos qué son las funciones ejecutivas y te compartimos siete estrategias prácticas para aplicar en casa desde hoy.

Qué son las funciones ejecutivas

Las funciones ejecutivas son un conjunto de habilidades mentales que funcionan como el “director de orquesta” del cerebro. Nos permiten planear, organizarnos, recordar instrucciones, controlar impulsos, cambiar de actividad y manejar las emociones para alcanzar una meta.

  • Memoria de trabajo: mantener información en mente mientras la usamos.
  • Control inhibitorio: frenar un impulso o resistir una distracción.
  • Flexibilidad cognitiva: adaptarse a cambios y buscar otras soluciones.
  • Planificación y organización: definir pasos y ordenar el tiempo y los materiales.
  • Regulación emocional: manejar la frustración, el enojo o la ansiedad.

Estas habilidades se desarrollan poco a poco durante la infancia y la adolescencia, y siguen madurando hasta el inicio de la adultez.

Cómo se ven afectadas en el TDAH

Investigaciones como las del psicólogo Russell Barkley describen que, en muchas personas con TDAH, las funciones ejecutivas pueden madurar a un ritmo más lento que en sus pares. En la práctica, esto se ve como olvidos frecuentes, dificultad para iniciar o terminar tareas, poca noción del tiempo, impulsividad y reacciones emocionales intensas.

Entender esto cambia la mirada: no es que tu hijo “no quiera”, es que en ese momento le cuesta más. Por eso, en lugar de exigir más esfuerzo, conviene ofrecer apoyos externos que hagan visible lo que su cerebro todavía organiza con dificultad.

7 estrategias prácticas para aplicar en casa

1. Usa rutinas visuales

Las instrucciones verbales se olvidan rápido. Una rutina con imágenes o una lista corta pegada en la pared (por ejemplo, “levantarse, vestirse, desayunar, cepillarse, mochila”) le permite a tu hijo consultar el siguiente paso sin depender de que se lo repitas. Revísenla juntos y celebren cuando la cumpla.

2. Divide las tareas en pasos pequeños

“Ordena tu cuarto” puede sentirse como una montaña. “Pon la ropa sucia en el canasto” es un paso alcanzable. Dividir las tareas grandes en partes concretas reduce la sensación de abrumo y facilita empezar, que suele ser lo más difícil.

3. Haz que el tiempo sea visible

Muchas personas con TDAH tienen dificultad para percibir el paso del tiempo. Un reloj de arena, un temporizador visual o una alarma ayudan a que “diez minutos” sea algo que se puede ver. También funcionan los bloques cortos de trabajo con descansos programados.

4. Refuerza lo positivo de inmediato

El refuerzo funciona mejor cuando es inmediato y específico: “¡Qué bien que empezaste la tarea sin que te lo recordara!”. Puedes complementarlo con un sistema de puntos o fichas canjeables por privilegios. Prioriza reconocer el esfuerzo y los avances, no solo el resultado final.

5. Incluye pausas activas

Pedirle a un niño con TDAH que permanezca quieto durante mucho tiempo suele terminar en frustración. Planea pausas de movimiento de dos a cinco minutos entre bloques de trabajo: saltar, estirarse, llevar algo a otra habitación. El movimiento ayuda a “recargar” la atención.

6. Acompaña la regulación emocional

Ayuda a tu hijo a ponerle nombre a lo que siente (“parece que estás frustrado”) y enséñale herramientas sencillas: respirar profundo, contar hasta diez o ir a un “rincón de calma”. Practícalas cuando está tranquilo, para que pueda usarlas cuando las emociones suben. Tu propia calma también es un modelo poderoso.

7. Crea un ambiente con menos distractores

Un espacio de estudio ordenado, con solo los materiales necesarios, lejos del televisor y con el celular fuera de alcance facilita la concentración. Usa organizadores, colores por materia y un lugar fijo para la mochila y los útiles: menos cosas que recordar significa más energía para aprender.

Constancia, paciencia y acompañamiento profesional

Ninguna estrategia funciona de un día para otro. Elige una o dos para empezar, aplícalas con constancia durante varias semanas y ajusta según lo que observes. Si convives con otros cuidadores, acuerden las mismas reglas para que tu hijo reciba mensajes coherentes.

Estas estrategias son un buen apoyo, pero no reemplazan una evaluación. Cada niño tiene un perfil único, y conocerlo permite elegir los apoyos que realmente necesita. Una evaluación neuropsicológica identifica qué funciones ejecutivas requieren más atención y orienta un plan personalizado para casa y colegio.

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Este contenido es educativo y no reemplaza una evaluación profesional. Las decisiones sobre medicación deben tomarse con el médico tratante.

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